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domingo, 25 de mayo de 2025
Lo normal es no existir
lunes, 16 de diciembre de 2024
Sin Dios
lunes, 18 de septiembre de 2023
Ama a los desconocidos
A menudo, cuando salgo a pasear, voy mirando las caras de los desconocidos que pasan a mi vera. Los miro a los ojos y, a veces, sonrío. Algunos me devuelven la sonrisa. Tengo la sensación de que los conociera. Deseo tocarlos, cogerles una mano y besársela. En realidad, no hay diferencia con alguien conocido. ¿Qué importa que tú los conozcas o no? ¿Qué importancia tiene esa pequeña relación? ¿Esa insignificante historia, con sus fidelidades y sus traiciones, sus amores y sus odios, sus rencores y sus perdones, sus incertidumbres y sus miedos? Siento el deseo de hablar con ellos. Me cruzo con una mujer que lleva una pierna escayolada y quiero preguntarle qué le ha ocurrido. A un hombre que va a encender un cigarrillo se lo quitaría de la boca y le aconsejaría que no fume más, que ese negocio ingente de las tabaqueras lo está matando. A una muchacha que me mira al cruzarse conmigo y me conmueve, le diría que es guapísima, que me encanta, que la quiero. Me causa pavor la vulnerabilidad de esa pareja que camina confiada con sus dos hijos pequeños, convencidos de que tienen capacidad para protegerlos. Me encuentro con saharauis, congoleños, egipcios, marroquíes, senegaleses, eritreos, ucranianos, rusos, griegos, croatas, polacos, indios, tailandeses, vietnamitas, chinos, tibetanos, palestinos, afganos, colombianos, ecuatorianos, uruguayos, australianos… Y los conozco a todos.
Esa fue la enseñanza fundamental de Jesús de Nazaret: Ama a tu prójimo como a ti mismo. Ama a los desconocidos como a tus más allegados familiares y amigos. No hacen falta los mandamientos antiguos: Cuando seamos capaces de comprender que ese hombre que va junto a ti en el autobús es alguien igual que tú, con sus bondades y sus maldades, sus deseos y esperanzas, sus ilusiones y sus miedos, sus pequeñas mentiras y sus grandes verdades, el mundo empezará a ser un poco mejor para todos.
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De vez en cuando, al sacar a mi perrito, me encuentro con un vagabundo que anda por las proximidades de casa. Suele estar sentando en algún banco del pequeño parquecito que hay detrás de mi bloque. Lleva un alza en uno de sus zapatos para compensar su cojera (no me acuerdo de qué pie), la ropa y el pelo sucios, mal olor y la piel quemada por la intemperie. Acostumbra a leer un libro. No exhibe su litro de cerveza: lo oculta dentro de una bolsa de plástico y no saca la botella ni cuando bebe. Alguna vez he tenido la tentación de acercarme, hablar con él y preguntarle qué le ha ocurrido para encontrarse así, solo y sin cobijo. Pero he sentido miedo y no lo he hecho. Ayer, por vez primera le di las buenas tardes al pasar por su lado: me devolvió el saludo y me pidió que le consiguiera un perro para cuidar de él; y para que le hiciera compañía.
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Esta mañana he cogido el coche y lo he llevado al taller para que le cambien los dos neumáticos traseros. Me lo recomendó el mecánico que le ha realizado la revisión anual, y he querido cambiarlos antes de que mi hijo lo utilice para ir de viaje al Algarve con su novia. Temía que pudiera tener un reventón en la carretera. Al volver a casa a pie tras dejar mi vehículo, he tropezado con una baldosa que sobresalía de la acera y me he caído al suelo. No he podido aguantar el golpe y me he abierto una brecha profunda en la frente, junto a la ceja izquierda. Sangraba tan abundantemente que me he quitado la camiseta, la cual ha terminado empapada, y me la he puesto sobre la herida para taponarla. He venido andando solo al ambulatorio que está próximo a casa, con el temor de padecer un mareo. Nadie ha acudido a socorrerme. Nadie me ha preguntado si necesitaba ayuda. Nadie me ha acompañado.
Cádiz, 18 de septiembre de 2023
© José Manuel Cumplido Galván
domingo, 12 de febrero de 2023
Rutina
Avanzamos por la autopista en un día radiante que me hace sentir la viva alegría de una niña que va dando saltitos de la mano de su padre, la víspera de Reyes.
Conduce mi mujer y veo de repente, en medio de la calzada, lo que me parece un animal muerto con las tripas pegadas al asfalto. Conforme nos acercamos me doy cuenta de que, en realidad, es una bolsa de basura. Mi felicidad juvenil comienza a esfumarse.
Alguien que va viajando en un coche, decide tirar una bolsa de basura en medio de la carretera. Yo, que me sentía tan pletórico esta mañana pensando aquello de que "todo el mundo es bueno", choco de repente contra la decepción. Me vienen a la cabeza los incivilizados, los maleducados, los violentos. Pienso en los acosadores, los asesinos, en las guerras. Siento el terror de pensar que en la vida puedes encontrar gente así. Se derrumba mi sensación de confort, de abrigo, de calor. ¡Estamos tan expuestos! ¡Tan desprotegidos! ¡Somos tan vulnerables!
viernes, 20 de enero de 2023
Sensibilidad
El mundo, el demonio y la carne: sí, los enemigos del alma. Los cuatro puntos cardinales: norte, sur, este y oeste: el norte de los ricos y el sur de los pobres. Tu este es mi oeste.
jueves, 13 de enero de 2022
Poesía
jueves, 14 de enero de 2021
DesNudo
Tu esposa se ocupa de los presentes de todos, y eso te da la vida. Eres incapaz para ese cometido o, tal vez, demasiado egoísta. Siempre estás conforme con lo que se le regala a cada uno, y prefieres que ella misma compre su propio obsequio. Te pregunta: - "¿qué quieres para Reyes?"; y tu respuesta es siempre la misma: -"Nada. Tengo de todo."
No necesitas ningún objeto pero, ¿no deseas nada?; ¿no anhelas que el mundo se pare y permanecer en tu estado actual, eternamente?; ¿y que regresen los que se han marchado?. ( Tu pueril egocentrismo). Sé que algunos te dicen que el tuyo es un sueño quimérico.
Pero este año ha sido distinto:
- "Quiero una Chilaba, a ser posible sin costuras, tejida de una pieza, como la túnica de Jesús". Se percibe tu amor por Marruecos. Amor no consumado hasta ahora.
Sin embargo, piensas en lucir una chilaba y te asaltan dudas, indecisión. ¿Tendrás valentía para salir a la calle llevando puesta sólo esa prenda?. ¿Qué pensará la gente?. ¿Qué dirán tus vecinos, con los que te cruzas a diario?.
- "Está loco".
- "¿Será maricón?".
- "¡Ahí viene el moro!".
- "¡Mira, qué mamarracho!"
- "¿Será un terrorista?".
Tu atuendo consta de dos mitades: abajo pantalón; arriba camisa, jersey, chaqueta. Es lo "normal"; ¿no puedes salirte de ahí?. Tus deseos, tu trabajo, tu sexo, tu ocio, tus relaciones, tu indumentaria, se rigen por la norma. Además de vestido, estás atado por la cintura. Muchos también por el cuello. Otros lucen pulseras o esclavas -cadenas y grilletes-. Tu cuerpo está sujeto por pertinaces ligaduras pero tú eres sólo un cuerpo, así que no eres libre. ¿Quién sostiene el otro extremo del cabo?: tú mismo. Sueltas a tu perro en la cercana playa o en los domésticos pinares y no escapa. Quiere que seas su amo.
Te han normalizado. No hace falta coacción. Tú mismo te autodisciplinas porque te aterra ser a-normal (aunque también te horroriza la indigencia). Apenas presencias tu esquiva desnudez. Apenas la tocas o la hueles. Es como si te la hubiesen expropiado.
Así ordenan vuestra jerárquica sociedad: "cuerpos políticamente sumisos y económicamente rentables" para que perduren las estructuras de poder.
¡Desnúdate ante el Mundo!¡Muestra lo que eres!
©José Manuel Cumplido Galván
miércoles, 2 de diciembre de 2020
DesAmparo
El frágil esqueleto de una rata ha caído desde el techo del garaje al reparar el operario la avería de agua que te ha traído de cabeza todo el fin de semana. Alguien opina que parece una raspa de sardina. Tú piensas que puede pertenecer a una paloma que vuelve con una ramita de olivo en el pico.
Es verdad. Son similares. Tienen mucho más en común que diferencias. Tú también tienes bastante parecido con una rata. Sois parientes; tenéis un ascendiente común. (Estáis acostumbrados a sentiros superiores; vuestro ancestral egocentrismo). ¿Eres tú más importante que ese mamífero que te resulta tan repulsivo?. Para sus crías, lo más valioso es la protección que les brinda su Madre.
Ellas conviven con vosotros. Habitan las cámaras de vuestros edificios junto a tuberías y bajantes. Los hogares humanos ocupan apartamentos distribuidos en una cuadrícula tridimensional, encima, debajo, a la izquierda, a la derecha o detrás de otros.
Nueve familias han permanecido sin agua. Por eso tú, cada vez que abres el grifo, te acuerdas de ellos y te duele. Lo haces con timidez, dejando salir un ínfimo caudal. Pero aún así, te hiere. Te viene a la mente su fragilidad. Una simple rotura, causada probablemente por la corrosión del hierro, atacado por la imparable acción del ambiente, pone en jaque la tranquilidad de esa gente, su sensación de seguridad.
Ves por la calle a un hombre joven que pasea junto a una mujer y a un niño. Te horroriza su vulnerabilidad. Ellos caminan confiados, como si ninguna desgracia les pudiera alcanzar; como si un "Ángel Custodio" les acompañara. Pero tú sabes que cualquier detalle insignificante puede cambiar sus vidas para siempre. ¡Están tan indefensos! Los padres amparan a su hijo amado pero, ¿quién les protege a ellos?
Vuelves a casa por la playa. Respiras profundamente ese aire fresco y salobre ("tu Aire Bendito"); te inunda una calma que te rescata del abismo que espera escondido, tras la tercera esquina a la derecha según se entra en el mar. Estás a flote en tu Arca. Pero no te libras del vértigo; te sientes desamparado:
Eres Huérfano.
© José Manuel Cumplido Galván
lunes, 26 de octubre de 2020
Gira el Mundo
Estás en Cádiz, en tu casa. El lugar del Universo donde te sientes más feliz. Te acompañan tu esposa y uno de tus hijos. Gozas dulcemente de su presencia. Tu situación económica te tranquiliza: tienes lo que necesitas. Liberado del trabajo, todo el día te pertenece.
Te encuentras en Sevilla. En tu casa. El lugar del Mundo donde te sientes más feliz. Te acompañan tus padres, tu hermano, tu hermana y tus abuelos, que ocupan un dormitorio y una salita de la vivienda alquilada. Vosotros ocupáis otros dos cuartos y una sala que es vuestro comedor y tiene además una cama plegable para que duerma tu hermana.
Tu abuelo es un Santo al que han echado de la Guardia Civil por llevar comida, a hurtadillas, a los presos políticos. Tu abuela tiene una amiga, Mariana Roma que, en la tienda de ultramarinos, pide medio litro de "aceite del malo". Es lo que puede pagar.
Tu padre trabaja en una fábrica artesanal de muebles. Cuando llega a casa y acudes, alborozado, a besarlo, te fascina la fragancia de barniz que le envuelve. Las yemas de sus dedos están teñidas de color de miel, de aplicar a las maderas de caoba goma laca con la muñequilla. Para poder criaros necesita, además, barnizar, por su cuenta, muebles a particulares. Te encanta que te lleve a "ayudarle": tapas con cera los agujeros de las polillas.
Todo se tiene que comprar a plazos. El frigorífico que sustituye a la nevera. Hoy no tienes que ir a la fábrica de hielo a comprar una barra que transportas en una bolsa de malla de plástico goteando agua y rozándote, con algún dolor, las piernas, no cubiertas por tus pantalones cortos. El televisor de blanco y negro en el que veis "Bonanza", "El Fugitivo" o "¿Es usted el asesino?"; corridas de toros o combates de boxeo. Ahora no acudes a verlo, sentado en el suelo con tus hermanos y otros niños de la vecindad, a casa de tu vecina. (Aunque prefieres estar con tus amigos en la calle terriza, ideal para jugar al trompo o a las bolas).
Te han dado una beca. Tus padres te premian regalándote un diminuto transistor que te parece precioso. Han tenido que firmar doce letras para pagarlo.
Tu madre lava la ropa en la pila y la sube a la azotea para tenderla. Extiende en el suelo la blanca para solearla y la rocía con añil. Los sábados calienta en la cocina de carbón ollas de agua para llenar el baño de zinc que hay en el "lavadero" y os bañéis tus hermanos y tú En invierno, enciende una lata con alcohol "de quemar" para que no paséis frío.
Os lleva a la piscina todas las mañanas de verano para que aprendáis a nadar. Está a media hora de casa. Es muy temprano. Al terminar, muerto de hambre, te comes la viena con mantequilla (margarina) que trae preparada de casa. ¡Te sabe a gloria!
La enfermedad de tu padre le impide trabajar. Gestionar la pensión de invalidez es un trámite lento, pesado y, entre tanto, no cobra nada. La familia carece de ahorros, ya que, a duras penas llega a fin de mes. Sobrevivís gracias a la ayuda de familiares, amigos y vecinos. ¡Qué cuadro!
Mamá le lleva a rehabilitación todos los días y padecen una interminable Odisea en los autobuses que les trasladan al hospital: una Odisea de ida y vuelta. No tenemos coche. Cuando queda postrado en la cama, es ella la que lo cuida con amor infinito.
Es Navidad. Los Reyes Magos sólo te han traído un "do-re-mi" de un tío tuyo, envuelto en papel de periódico. Las navidades siguientes, seleccionáis, entre vuestros juguetes, aquellos que más os gustan, que mejor se conservan, y os lo "ponéis" vosotros mismos para poder despertar con ilusión por la mañana.
Tienes 14 años; trabajas de botones en un hotel. A veces te asignan turnos en los que tienes que acudir al trabajo de madrugada. Necesitas andar por calles absolutamente oscuras, donde cada sombra es una amenaza. Caminas aterrorizado. Tu motivación es ayudar a tu familia. Por eso entregas a tu madre el total de tu salario, y todas las propinas.
¡Honra a tu Madre y a tu Padre!
Vuelves a casa; tu esposa amada y uno de los hijos que te ha dado acuden, alborozados, a besarte. Te cautiva el dulce aroma que desprenden, pero sufres la dolorosa ausencia del otro, que lucha por la vida a 3.000 kilómetros de distancia. Estás en el sitio donde eres más dichoso. Tus padres están contigo, viven en ti, en tu ADN. Te acompañan en aquella "colosal travesía" a través del Universo.
¡Tu Mundo gira!
© José Manuel Cumplido Galván
sábado, 3 de octubre de 2020
H2O
Estás en la playa. Te adentras en el mar y sumerges todo tu cuerpo en el agua. El frío penetra por tu piel y te invade hasta el tuétano. Sacas tu cabeza y llenas los pulmones de ese aire fresco, aromatizado por algas y salitre. ¡Tu aire bendito!. Es tu bautismo, tu renacer de cada día. El mundo te parece mejor ahora.
Eres agua en un 70 %. Tus ancestros proceden del fondo del océano. Es ahí donde más hondamente sientes que eres parte de la naturaleza.
Estás en clase con tus compañeros, todos niños. Acabáis de entrar y esperáis, con alegría, la llegada del Maestro. Cuando entra el hermano Manuel, os asustáis. Está llorando. Tiene los ojos hinchados. Un mar de lágrimas por su cara enrojecida. Vuestra zozobra se convierte en dolor cuando os da la noticia: uno de los alumnos de vuestro grupo, Luis de Lasalle, se ha ahogado en el río. Ha ido, feliz, a bañarse. Su cuerpo entero se ha sumergido en el agua y ha desaparecido. Conoces a su madre y has estado en su casa. ¿Quién puede imaginar tanta desdicha? Tenéis sólo diez años. El hermano Manuel no lo resiste. Tiene que abandonar la institución religiosa. No podría soportar otro golpe parecido.
Algunas veces bajas hasta la orilla del Guadalquivir a la altura de la Barqueta. Allí el cauce es inmenso. Ves el lejano margen de enfrente como un lugar enigmático, inhabitado, Mágico. Campos misteriosos e inaccesibles. No hay puentes ni embarcaderos. Ni barcas para cruzar tan colosal anchura. Hoy está ocupado por los edificios heredados de la Expo y por Isla Mágica. ¿Quién lo iba a decir? En cierta forma, lo sientes como una profanación de la virginidad del río.
Estudias en el colegio religioso tras un breve paso por una escuela Nacional, donde, por la mañana, se forma en el patio y se entona el "Cara al Sol" mientras se iza la bandera. "Vol verán ban derasvictoriooo osas" Los niños pierden el tiempo en clase. Es lo único que se hace allí. Uno de los maestros se dedica a reparar relojes durante su jornada laboral. Cuando va la inspección para evaluar el sistema educativo, os hacen un examen y escriben las repuestas en la pizarra para que las copiéis, con el beneplácito de los inspectores. Así que salen unos resultados excelentes. Allí estás olvidando todo lo que te enseña en casa tu Abuelo con paciencia de Santo. La decisión de tus padres de cambiarte de centro te ha salvado del analfabetismo al que el Régimen condena a los hijos del pueblo.
Con los curas se aprende mucho más. Aunque no olvidas a ese director de metro noventa, fuerte como un atleta, que a alguno de tus compañeros más revoltosos, como castigo por alguna travesura, le suelta tal bofetada que lo tira al suelo de espaldas. (Tú no tienes nada que temer: eres muy "bueno" y aplicado).
Ahora, de regreso a casa, relajado por el baño, eres un hombre nuevo. Tu cuerpo no pesa y caminas erguido sintiendo un inmenso placer en tus músculos en movimiento. Respiras profundamente, bebes ese aire purísimo. Vas pensando en tu compañero Luis, que quizá ha cruzado nadando a la otra Orilla.
"Agua eres".
© José Manuel Cumplido Galván
miércoles, 16 de septiembre de 2020
Despertar
Despiertas y todo es negro. Se agolpan en tu cabeza los problemas pendientes y ese peso te aplasta contra el suelo. Esas incertidumbres suceden en el futuro, que no existe. Es una falsedad que generas en tu cerebro para tratar de explicarte el mundo.
Necesitas producir endorfinas. Tomas agua con limón; desayunas, gozando de lo sencillo, café, pan y aceite. Eres bienaventurado porque tienes qué comer. No te avergüenza tener, aunque esté mal visto en vuestra cultura. Se bendice la escasez: "Bienaventurados los pobres..." No. Todos deberíais ser ricos. Bienaventurados todos, porque todos poseen la Tierra.
Sales a la calle, mueves tus músculos y tomas el sol. Paseas por la orilla del mar. Y ves todo de otra manera: ya no te abruma ninguna dificultad; te sientes bien. El alimento comienza a nutrir tus células, tus neuronas. Sabes que solo existe el ahora: "No temas ni al futuro ni a la muerte". La Esperanza es pensar que en el mañana todo va a terminar bien. Pero si el mañana no existe, ¿puedes tener Esperanza?. ¿Y Desesperanza?.
Volviendo a casa, has visto el atropello de una Paloma. Sonó un leve chasquido, y aquel automóvil dejó tras de sí, un amasijo de huesos, plumas, carne y sangre, aplastado contra el asfalto. El conductor no se percató. ¡Qué final tan sorprendente para su danza ritual de cortejo! ¡Qué brutal interrupción de su camino hacia el placer!. Otra paloma comenzó a describir un vuelo en círculo, cuyo centro era el cadáver del que fue su compañero. Después de trazar 8 ó 10 circunferencias, surcó velozmente el Cielo hacia el este, sin mirar atrás. Se alejó para siempre. Pasó página. ¡Quién pudo imaginar semejante tragedia!
No te preocupas de lo que pueda suceder mañana. Te ocupas del hoy. De saciar tus necesidades. De calmar tu sed. De gozar.
Bailas. Vuelas. Vives.
¡Despierta!.
© José Manuel Cumplido Galván
jueves, 27 de agosto de 2020
Pipo
Quedaste en la parada del autobús y allí te lo trajeron. También traían a su madre, para convenceros de que no crecería. Cabía en tu mano. Temblaba muerto de miedo. Era una mercancía. Tú lo compraste: 300 €. Lo separaban de su madre y lo vendían.
Estás dolorosamente arrepentido de aquello. Pero ya es tarde. Ahora es de tu familia. Es tu hermano. ¡Tiene tanto en común contigo! Su ADN es casi idéntico al tuyo.
No es una roca de granito, ni una llama. No es NO2. No es un jazmín, ni un mosquito. Es más cercano. Le entiendes . Ha aprendido a pedirte lo que quiere y lo hace de forma callada.
Tiene una paciencia infinita. Cada vez que volvéis a casa después del paseo, te espera quieto y en silencio todo el tiempo que necesites para acudir en su cuidado. Le limpias y desinfectas todo el cuerpo, le refriegas la cara con las toallitas húmedas. Le pones su pasta de dientes y le das un masaje en las encías. No rechista. Tú también eres paciente con él.
Confía en ti. Sabe que no le abandonas. Sabe que vuelves. Sabe que no le pegas. Que no lo tirarás por la ventana. Por eso duerme relajado.
Cuando vais de viaje y se alojáis en otro lugar, la cosa es distinta: si salís y lo dejáis en casa, es apoteósica la fiesta que os hace a vuestro regreso. No estaba seguro de que volveríais, de que no lo habíais abandonado.
Depende de ti para todo; para comer o beber. Sí. "Tú le proporcionas alimento y él te entrega su vida".
Y tiene ya 10 años.
© José Manuel Cumplido Galván
domingo, 23 de agosto de 2020
El pan nuestro.
No sólo de Pan vive el hombre.
La Tierra y la Luz se hacen Trigo, para elaborar, con el trabajo de muchos, tu pan de cada día. Ese día que viene y se va una y otra vez con la luz del sol, al ritmo marcado por el fecundo rotar de la Tierra sobre su eje. Los gorriones lo saben bien. El día siempre es el mismo. Por qué no llamarlo Domingo, o día del Universo.
Para vivir necesitas el aire, la luz y el calor del sol. La gravedad, la rotación de la Tierra; el giro de la Vía Láctea alrededor del agujero negro supermásico que hay en su centro. Todo esto te viene dado, pero tú tienes que procurarte abrigo y cobijo; y el alimento, con el que incorporas la Tierra a tu cuerpo.
El sexo te viene impuesto por la Naturaleza. La especie quiere perpetuarse y utiliza ese instrumento.
La Tierra y la Luz se hacen Olivo para, tras mucho trabajo, obtener tu aceite en una Almazara. Pan y aceite para alimentarte y sentir el íntimo y hondo placer de las cosas sencillas.
Ya no te gusta ir a una cafetería y pedir un café con leche semidesnatada, templada, con más café que leche, con azúcar moreno. Y media tostada de abajo, no muy hecha, con aceite de oliva virgen extra, miel de romero de la Alcarria y canela Ceylán. Has olvidado tu afán de distinción, de destacar, de ser "libre" y "único". Lo que te parecía "libertad de elegir", era en realidad consumo de las cosas que necesitaban venderte los fabricantes. Ya no necesitas alimentar tu Ego.
La Cocina es tu Altar. Allí gozas cada día preparando el alimento para tu familia. Ese alimento es sagrado. Procede de seres vivos, salvo la sal y el agua (tu bebida favorita: tu agua bendita). Por eso no tiras nada. Rebañas el plato con un migajón, te comes hasta el último grano de arroz. Tirar comida es un sacrilegio. Es pecado mortal. Comprendes a aquellos que bendicen la mesa antes de comer.
Pero también necesitas la Paz. La Paz vuestra de cada día. La Paz del cielo:
Estás al Aire libre, bajo las copas de los árboles, que te brindan su benéfica y dulce sombra para que tú la disfrutes. O a orillas del mar, respirando ese aire limpio, fresco y salobre. La Paz es el bien supremo. Es tu respirar profundo.
Aunque, no sólo de Paz vive el hombre.
© José Manuel Cumplido Galván
miércoles, 5 de agosto de 2020
Consuelo
domingo, 19 de julio de 2020
Caín
viernes, 10 de julio de 2020
Carpe Diem
jueves, 25 de junio de 2020
Polvo eres
Estás preocupado por el futuro, sin darte cuenta de que
no existe.Tienes un chalet en una urbanización junto al cabo
de Roche. Disfrutas del silencio sólo roto por el canto
de las aves y el croar de las ranas; gozas del aroma
que te trae la suave brisa que atraviesa los pinares.
Te sumerges en una piscina que contiene ochocientos metros
cúbicos de agua sólo para ti y tu hijo. Cada mañana
descubres en el jardín alguna flor que ayer no estaba.
Todo eso es tuyo.Ya sé que algunos piensan que no, que sólo lo tienes
alquilado quince días. Tú sabes que hoy te pertenece.
Hoy, lo único que existe. Los propietarios de chalets
no se los llevan cuando fallecen. Tú tampoco te lo
llevarás cuando termine tu contrato, pero tú no tienes
que perecer para desprenderte de él. Ni tú ni nadie
sabe si algo le va a SEGUIR perteneciendo Mañana.
Al morir no cargas con nada. Se esfuman también
tus sentimientos, tus pensamientos, tus recuerdos,
tus miedos, tus deseos; tus afectos y tus odios; tu
memoria.
Seguirás viviendo en tus hijos. Tu cuerpo,
transformado, permanecerá en la Tierra girando
con la galaxia por siempre.
¡Era el cuerpo lo que existía eternamente. !¡Polvo eres!