Han llenado el camión de cerdos. Demasiados, diría yo. Van apretados, el hocico de uno contra el culo o la barriga de otro. Les falta el aire y están estresados. No entienden qué les pasa, que hacen allí dentro. Es lo que se llama malestar animal.
Los llevan a la fábrica El Pozo en Alhama de Murcia. Los llevan al matadero.
Yo volvía de San Javier, de visitar a mi hijo, y cogí a las 9 de la mañana un autobús con destino Cádiz y transbordo en Granada, pero sobre las 9:45 comenzó una enorme retención hasta quedarnos totalmente parados. Estuvimos así como hora y media.
Se empezó a comentar en el autobús que había volcado un camión cargado de puercos vivos a la altura de Librilla. Se trataba de nuestro camión y de nuestros cerdos. Muchos quedaron atrapados en el camión, entre los que había algunos heridos, otros muertos y bastantes ilesos. Pero otros quedaron esparcidos por la carretera, también con algún herido y algún muerto. ¡Qué pena!: ¡Morir antes de llegar al matadero!
Todos los sobrevivientes aterrados.
Acudió al lugar del siniestro otro camión y personal de la empresa de transporte para recoger a los cerdos vivos y heridos y conducirlos al matadero. Los muertos fueron cargados en furgonetas para irlos vendiendo a carnicerías de la zona o almacenes mayoristas de productos congelados.
Los empleados del transportista hicieron inventario y resultó que faltaban siete. Se ha iniciado su búsqueda por parte de la Guardia Civil, pero hasta el momento no han dado con ellos.
Huyeron despavoridos; sospecho que habrán corrido juntos a guarecerse, en alguno de los bosquecillos de la sierra de Carrascoy, próximos a la A-7.
¡Quien les iba a decir que no acabarían hoy muertos en el matadero!
Han comenzado una nueva vida.
¡Que Dios los proteja!
14 de diciembre 2025
© José Manuel Cumplido Galván